Los enemigos de AMLO y el conflicto de Venezuela

Cuauhtémoc Amezcua Dromundo

Los neoliberales son perversos. Ellos, los enemigos de AMLO, exageran, mienten y engañan en todo cuanto imputan a sus adversarios. Por eso atacan a López Obrador con desmesura, porque carecen de integridad y desconocen la ética. Sólo sirven a su amo, el capital financiero internacional y el gobierno yanqui.Pero observemos que ellos mismos, los neoliberales, son los que agreden a Nicolás Maduro, el presidente de la República Bolivariana de Venezuela, y lo hacen también con enjundia y desfachatez. ¿Por qué? Porque, como AMLO en México, Maduro se opone al neoliberalismo y hace todo lo que está a su alcance por erradicar esa maldición de su patria, en este caso, Venezuela.
Pero volviendo a AMLO y sus enemigos: entre las muchas acusaciones que le hacen, de mala fe, le atribuyen ser igual a Maduro. Y retorcidos como son, ya desde antes crearon las condiciones para que el estrafalario cargo produzca desconfianza y promueva el alejamiento, con respecto a Andrés Manuel, de quienes se dejen engañar.
Crearon las condiciones porque mes con mes, semana con semana, día con día y hora con hora, de manera insistente y machacona enlodan al gobierno venezolano con tremendas campañas mediáticas. Crean la falsa imagen de que se trata de un dictador; de un gobierno que viola los derechos humanos y es repudiado por su pueblo, y de un país sumido en el caos, la represión y presa de escasez y miseria de la que sólo podrá salir por medio de la intervención extranjera. Nada más lejos de la verdad. Pero no hay noticiero que no vierta su ponzoña, en vez de cumplir con su función de informar con objetividad.
Creada así una imagen terriblemente maligna respecto a Maduro y su gobierno, el siguiente paso, en el caso de AMLO, es compararlo él. ¿Su objetivo? Asustar a una franja de los votantes mexicanos, los menos informados y más influenciables, para que le vuelvan la espalda.
Ahora bien, ¿qué hace López Obrador al respecto? ¿Qué conducta asume frente a esta acusación y cuál respecto a Venezuela Bolivariana?
Notemos que esta acusación, con su doble intención, trata de arrinconar a AMLO. Porque si desmintiera el cargo, rechazando cualquier parecido con Maduro con lenguaje exaltado, podría caer sin quererlo en el juego de sus propios enemigos, los neoliberales, que son los mismos enemigos del presidente venezolano, al sumarse a quienes lo descalifican sin razón, lo cual fortalecería a los neoliberales de allá y afectaría a ese hermano pueblo en su lucha. Y, por el lado opuesto, si se pusiera a explicar que la lucha del pueblo venezolano, con Maduro al frente, es una lucha justa, también caería en la insidiosa trampa, al dar pretexto para que los ataques contra el propio AMLO se redoblaran, diciendo que él mismo aceptaba la acusación.
El enemigo, como se ve, es pérfido y malintencionado. Pero López Obrador no es inexperto y evita caer en la doble y tenebrosa trampa. Dando muestra de la madurez que ha alcanzado, asume una conducta de principios, correcta y serena. Elude despotricar contra Maduro y su gobierno, pero no se pone a defenderlo cuando no le corresponde ni es el momento oportuno. Cuando los “periodistas” provocadores, lo cuestionan al respecto, acertadamente contesta que sólo a los venezolanos les corresponde resolver sus asuntos. Y que es deseable que lo hagan sin caer en la violencia. Es decir, López Obrador, como lo hizo Cárdenas en su momento, levanta los principios de no intervención, autodeterminación de los pueblos y solución de los conflictos por vías pacíficas, principios superiores del derecho internacional que el imperialismo detesta y que, por cierto, los gobiernos de nuestro país defendieron y difundieron durante muchos años, desde Benito Juárez, hasta antes del arribo de los neoliberales, hace treinta y cinco años.
Por cuanto a quienes luchamos por echar a los neoliberales del poder de la única manera que está a nuestro alcance, que es llevar a Andrés Manuel a la presidencia, debemos seguir su ejemplo. De ninguna manera podemos aceptar el cargo de que ambos sean iguales, porque además de ser de mala fe, carece de sustento. Pero tampoco podemos convertirnos en propagandistas involuntarios, al servicio del imperialismo y los neoliberales, que, vale la pena repetirlo, son los enemigos de AMLO y del pueblo de México, y también son los enemigos de Maduro y el pueblo de Venezuela.
Además, podemos explicar que en la realidad ambos líderes tienen diferencias en sus características personales, y que ambos procesos también son distintos por cuanto a las condiciones en que se desenvuelven, más allá de que uno y otro formen parte de la enorme rebelión de los pueblos contra el neoliberalismo. Porque en efecto, Maduro no es igual a AMLO ni a Evo Morales. Tampoco Lula ni Rafael Correa, son idénticos entre sí ni a los antes señalados. Ni Cristina Fernández de Kirchner, ni el sacerdote católico Fernando Lugo. A todos ellos les ha tocado el señaladísimo honor de encabezar en un momento dado la lucha de sus pueblos contra el neoliberalismo, eso sí. Pero nada más.
Y volviendo a López Obrador, resalta, entre sus características personales, su apego a los medios pacíficos, como lo expresa enfático: “en nuestras luchas no ha habido ni un solo vidrio roto”. Resalta también su habilidad para ganar aliados, así sean puramente coyunturales, restándolos al bando enemigo. Y destaca también su buen manejo táctico, entre muchas otras cosas.

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