Autodefensas

394100_grande_RIsEtfgQRoberto Prado

Hace unas dos semanas se difundieron imágenes en las que se asegura un grupo de autodefensas que se hace llamar los “Justicieros de Irapuato” le cortaron las orejas a delincuentes comunes, argumentando que han decidido que se van a encargar de hacer una limpia de transgresores de la ley, ante la incapacidad de las autoridades de enfrentar el problema.
Las condiciones para que surjan las autodefensas existen en muchos lugares del país. Hay partes, como en la sierra de Chihuahua, donde sin que se haya anunciado o salido a la luz pública, existen desde hace décadas; ahí no se puede ir a muchas comunidades sin que se encuentre con retenes de personas de las comunidades que antes de dejar entrar a alguien primero lo investigan con una eficacia que puede ser envidiada por los mejores agentes investigadores. ¿Cuál es la razón por las que la población de esa zona actúa de esa manera? Es simple. En municipios como Batopilas o Guadalupe y Calvo existen gavillas de narcotraficantes compuestas hasta por 50 o 60 elementos que en forma cíclica se enfrentan a grupos rivales dejando decenas de muertos a lo largo de las montañas y barrancas y hasta hoy los diferentes gobiernos solo han minimizado los problemas de inseguridad y niegan los enfrentamientos o reportan un número reducido de víctimas mortales.
Sin embargo, ha sido en el estado de Michoacán donde a partir de 2013 los grupos de autodefensas y de policías comunitarios han surgido en mayor número y con más organización e incluso con programas políticos bien definidos. En ese estado fue muy clara la alianza entre las autoridades electas y las organizaciones del narcotráfico. Incluso un gobernador reconoció que su antecesor dejó a Michoacán en una lamentable situación y al terminar él su gobierno las cosas habían empeorado, en cuanto a la colusión entre autoridades y narcotraficantes se refiere. El gobernador siguiente no tuvo empacho para entablar negociaciones con los criminales y fue tan directo que su propio hijo era quien tenía las riendas de dichas negociaciones.
De esa forma es entendible que a la población no le quedó otro remedio que organizarse y hacer frente a las organizaciones criminales al margen de las policías estatales y municipales, todas ellas infiltradas por los narcotraficantes. El caso más notable quizá sea el de Cherán, donde no solo se creó una policía comunitaria sino que desde hace 5 años se formó un gobierno de acuerdo a los usos y costumbres de la comunidad indígena que ahí habita.
Por otra parte, la forma en que actuaron los grupos de autodefensa en Michoacán podría asemejarse –según la opinión de varios analistas- al fenómeno del paramilitarismo y de autodefensa que se desarrolló en Colombia durante las últimas décadas del pasado siglo y es ahí donde hay que poner atención a los peligros que eso conlleva. Con el pretexto del combate al narcotráfico y a los grupos armados “fuera de la legalidad”, los cuerpos militares y de inteligencia de los Estados Unidos tomó el control del país sudamericano y con ello se apoderó de los recursos naturales colombianos. Además son los mismos Estados Unidos los que administran la producción, exportación y comercialización de las drogas que se producen en aquel país.
Pero no solo eso. Los Estados Unidos han establecido en Colombia al menos nueve bases militares desde donde interviene o pretende intervenir en el resto de los países de la región. Desde esas bases militares salen los lineamientos para la desestabilización de Venezuela, y las políticas contra Bolivia y el Ecuador.
Siendo los escenarios muy semejantes (narcotráfico y grupos armados) y aunque en Michoacán los grupos de autodefensa hayan operado con éxito al menos en su primera etapa, el surgimiento de nuevos grupos de autodefensa puede llevarnos a una situación de peligro dando pie a la intervención militar directa del ejército yanqui en nuestro país, porque ellos no abandona la idea de someter a México a sus intereses de una forma permanente y sin posibilidad de retorno.
Entonces, no quiere decir que no exista alternativa. Si la hay. Es la organización del pueblo para que mediante un proyecto de nación patriótico, soberano y popular establecer un gobierno de democracia nacional en el que se incluyan a los mejores elementos de la clase trabajadora, de los sectores medios de la población e incluso de la burguesía. Para que –por vía electoral y de la movilización de masas, caminos que aún se encuentran abiertos en México- retomar el rumbo de la Revolución Mexicana y abandonar para siempre la negra etapa del neoliberalismo que nos ha llevado a la situación que actualmente tiene nuestra nación.
Es hora de que todo el pueblo luche unido, bajo un mismo programa. Bajo los mismos objetivos, sin vacilaciones y sin desviaciones que permitan al enemigo asestarnos nuevos golpes. Hay que entender que el problema de la delincuencia no es un fenómeno aislado, sino producto del podrido régimen neoliberal que ha puesto por encima de todas las cosas el lucro y las ganancias personales; es producto del individualismo egoísta que pregonan los ideólogos de la libre competencia para los que el dinero lo es todo y no importa la forma en que se obtenga. Eso es lo que hay que cambiar.
Hay que realizar la cuarta etapa de nuestra Revolución que inició con la Independencia y se fortaleció con la Revolución de la Reforma y con la Revolución Mexicana. O como lo dice Andrés Manuel López Obrador, es el momento de llevar a cabo la cuarta transformación de México, que tendrá que ser igual o más profunda que las que le antecedieron, recuperando para el pueblo los recursos naturales, la industria y los servicios; pero igualmente tendrá que ser una transformación que cambie toda la sociedad, que elimine el individualismo, la avaricia y la corrupción.
Tendrá que ser una transformación que cree un nuevo tipo de sociedad, solidaria amistosa y de armonía para todos sus integrantes.

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