EL FRAUDE ELECTORAL EN EL ESTADO DE MÉXICO Y LAS ELECCIONES DE 2018

Cuauhtémoc Amezcua Dromundo

El fraude fue grosero. Peña, del Mazo y sus cómplices echaron mano de todo. Dinero sin límites, tomado ilegalmente de todas las partidas posibles del erario público federal y estatal; compra de votos, descarada; intervención directa de funcionarios públicos de todos los niveles; campañas plagadas de calumnias; amenazas, en contubernio con las bandas delincuenciales, para asustar a la población; desvergonzada complicidad de los organismos nacionales y estatales que debieran hacer respetar la ley, y todas las trapacerías posibles. ¿Por qué? Porque para el Grupo Atlacomulco, aquél del inefable Hank González, que por hoy jefatura Peña, perder ésta, la “joya de la corona”, significaba perder las elecciones presidenciales de 2018, con mucha anticipación.

Aun así, con todas esas prácticas escandalosas, y presentándose el PRI en alianza con tres partidos más, apenas pueden ostentar dos o tres puntos de ventaja sobre el Partido Morena. La pelea se centró en un singular enfrentamiento de clases sociales entre los candidatos de Morena y el PRI a la gubernatura, una trabajadora humilde y capaz, maestra de escuela con preparación académica superior e hija de un trabajador de la construcción, Delfina Gómez, frente a un político corrupto y negociante, miembro de la burguesía más groseramente enriquecida en el ejercicio del poder, hijo y nieto de exgobernadores, Alfredo del Mazo Masa, con todo el poder del Estado federal y local detrás de él. Y Delfina ganó, a nadie cabe la menor duda, aunque los neoliberales, resguardados por las “instituciones” delincuenciales que crearon, digan otra cosa. Por lo que hace al PAN y al PRD, partidos también neoliberales, ya sólo les quedó disputarse un lejano tercer lugar, además de que este último, con su candidato Juan Zepeda, cumplió la nada honrosa tarea de vulgar esquirol.

Del otro lado, del lado del pueblo, lo que se observó fue un impetuoso crecimiento del ejército antineoliberal, tanto desde las filas del Partido Morena, como del amplio frente antineoliberal que se ha venido construyendo en todo el país. Y una organización en pleno y promisorio desarrollo.

Vendrá, todavía la batalla jurídica y la movilización pública, de masas, pacífica. Quizá logre cambiar el resultado, pero pudiera suceder que no, y el corrupto Del Mazo se siente en la silla; recordemos que las leyes están hechas a modo, y quienes las administran son todo, menos honestos. Pero eso sí, suceda lo que suceda, hay algo que no podemos permitirnos: caer en el desaliento, como los neoliberales quisieran. Además de que no hay razón para el desánimo.

Nuestra batalla fundamental, recordémoslo también, no es por una u otra gubernatura, así sea una muy importante, sino por echar a los neoliberales de la presidencia de la República, en 2018. Tengamos siempre presente que Andrés Manuel López Obrador, el único candidato no neoliberal con altas posibilidades de triunfo, que ha surgido en más de un cuarto de siglo, está, más que nunca, a la puerta de la victoria en 2018. Sus ventajas respecto a sus dos anteriores incursiones, las de 2006 y 2012, son importantes. La primera y más significativa, es que ahora cuenta con un partido afín a lo que él representa, el Partido Morena, organización que, además, está en pleno y promisorio crecimiento, como se acaba de demostrar una vez más en el Estado de México. El caso era muy distinto cuando su candidatura descansaba en el PRD, un nido de sinvergüenzas, como cada día queda más comprobado. Otra ventaja consiste en que esta vez se ha ido formando un amplio y vigoroso frente nacional antinoliberal en torno suyo. Otra más, radica en la experiencia que AMLO ha adquirido y que va mostrando día con día, y otra, no menor, en la amplitud del espectro social que lo apoya, sin que él haya hecho concesión alguna en sus posiciones antineoliberales, que mantiene firmes. Mantengámonos, todos, firmes también y con un muy alto espíritu de lucha.

¡Hasta la victoria, siempre!

 

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