El banco asiático que compite con el FMI

Autor: Iramsy Peraza Forte | internet@granma.cu/26 de febrero de 2017 21:02:04

La creación del banco forma parte además del plan del gigante asiático por recrear la antigua ruta de la seda y lograr mayores interconexiones entre Asia y Europa

El Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (baii) ya aprobó más de 1 730 millones de dólares para financiar nueve planes de infraestructura en naciones de la región. Foto: XINHUA
Para nadie es ya un secreto la irrupción de la región Asia-Pacífico como eje operativo de la economía mundial. La pujanza de China entre las potencias globales, la solidez mostrada durante años por Japón y Corea del Sur y el desarrollo vertiginoso de varias naciones emergentes, convierten al continente más oriental en la región del futuro, donde se gestarán los más grandes movimientos de capital a nivel internacional.

Esta realidad contrasta con la historia del territorio, poseedor de la mayor concentración de población universal, que durante años ha tenido que depender de instituciones financieras dominadas por occidente y que muchas veces obviaron sus principales necesidades.

En este contexto surgió el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (BAII), con la aspiración de crear un sistema financiero sólido y articular flujos de inversión para el desarrollo de infraestructura en el continente.

Pero este nuevo organismo, catalogado por los expertos como la institución prestamista multilateral del siglo XXI, también pretende rescatar los escenarios un tanto abandonados por el Banco Mundial (BM) o el Banco Asiático de Inversión (BAI) en la región, así como fomentar el comercio y la cooperación económica con otros países de Europa y África.

Más de 400 días después de su entrada en operación, la entidad, surgida por iniciativa de China, ya cuenta con 57 afiliados y más de 1 730 millones de dólares aprobados para desplegar nueve planes de infraestructura en naciones de la región.

La creación del banco, que actualmente tiene su sede en Beijing, forma parte además del plan del gigante asiático por recrear la antigua ruta de la seda y lograr mayores interconexiones entre Asia y Europa.

El capital actual del BAII asciende a 100 000 millones de dólares, de los cuales China, como principal promotor, aportó la mitad.

Ante las afirmaciones de que esa enorme contribución facilitará un control casi absoluto de Beijing, Lou Jiwei, presidente de la organización afirmó que el aporte del 50 % representa un apoyo para el nuevo proyecto y la participación del gigante asiático, aunque será de envergadura, irá reduciéndose a medida que nuevos países se unan al proyecto.

La India, Rusia, Alemania y Corea del Sur destacan como los otros grandes accionistas del ente, constituido el 29 de junio del 2015 e inaugurado el año pasado.

PROYECTOS APROBADOS

Si bien la mayor ambición del BAII reside en promover el desarrollo social y económico de Asia en proyectos que conecten personas, servicios y mercados, primero debe trabajar por reconfigurar el panorama de algunos países de la región.

Es por ello que entre sus retos más inmediatos está la financiación de obras para modernizar carreteras, vías férreas y puertos, mejorar el acceso a la electricidad, expandir los servicios de telecomunicaciones, promover la planificación urbana y proveer servicios sanitarios y de agua potable, cuestiones básicas para aumentar exponencialmente la conectividad entre las regiones.

Actualmente, además de monitorear los flujos financieros de la Ruta y Franja de la Seda del siglo XXI, el BAII participa en nueve proyectos de inversión tales como la construcción de un gaseoducto en Azerbaiyán y la edificación de una terminal portuaria comercial y un nuevo sistema ferroviario en Omán.

El organismo también proporcionará 20 millones de dólares para el desarrollo, construcción y operación de la mayor planta independiente de turbina de gas de ciclo combinado en Myanmar.

También está aprobado un préstamo de 216,5 millones de dólares para el mejoramiento del acceso a la infraestructura y los servicios urbanos de barrios pobres en Indonesia.

Mientras que en Pakistán, Bangladesh y Tajikistán apoyarán el proyecto de la Autopista Nacional M-4, la ampliación del sistema de distribución de energía y un plan para el perfeccionamiento de carreteras fronterizas, respectivamente.

De acuerdo con los directivos del BAII la concreción de estas obras en sectores estratégicos permitirá a la institución trabajar por metas más ambiciosas como son el progreso de una infraestructura verde para que los países involucrados cumplan sus objetivos de desarrollo y los concernientes al cuidado del medioambiente.

¿UN NUEVO ORDEN FINANCIERO?

De acuerdo con un editorial del diario The New York Times, «los países están descubriendo que deben operar cada vez más en la órbita de China». Probablemente sea la causa por la que de los 57 miembros del BAII, 20 son de otros continentes, entre los que destacan Alemania, Reino Unido, Francia, Italia y España.

Para los miembros de la comunidad internacional, al flamante banco lo acompañan ventajas financieras y por ello han decidido asociarse.

El surgimiento de esta institución forma parte también del pulso constante entre Estados Unidos y China, primera y segunda potencia mundial respectivamente, por ampliar su influencia en la economía mundial.

Por otro lado cabe señalar que resulta meritorio que Beijing, a pesar de no transitar por su mejor momento, decidió impulsar una iniciativa como el BAII dispuesta, al menos, a atender las necesidades de una región como Asia-Pacífico.

Frente a la estructura dominante y hegemónica del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, herederos de los acuerdos de Breton Woods luego de la Segunda Guerra Mundial, el BAII ofrece una alternativa a naciones del Sur, algo novedoso en el entorno del poder financiero internacional.

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