Gasolinazo, tasa de interés, recorte del gasto público: antesala de crisis

■ ALTERNATIVA ECONÓMICA Comparte esta nota: 03/01/2017 04:00
Publicado por Arturo Huerta González/La Jornada de Oriente

Para el Banco de México (BdeM) podría tornarse aún más difícil la situación económica del país con el alza del precio de la gasolina, del salario mínimo y por la devaluación, pero no dice nada de cómo el alza de la tasa de interés y el recorte del gasto público pasan a empeorar más la situación que las causas que ellos señalan. El alza del salario mínimo, no compensa la pérdida que éstos han tenido por décadas y que ha beneficiado al capital. Los salarios han venido creciendo por debajo de la productividad y del nivel de precios, por lo que el alza otorgada para 2017, no tendrá impacto inflacionario, dado que perfectamente lo pueden absorber las empresas, ya que eran las beneficiadas por los bajos salarios. La devaluación viene a mejorar competitividad y debería ello ser utilizado para impulsar la producción nacional de los bienes que importamos y así evitar la inflación y las presiones sobre el sector externo. Sin embargo, ello no puede darse debido a que el alza de la tasa de interés (instrumento del BdeM) encarece el crédito y restringe la inversión y por lo tanto la actividad económica. La disminución del gasto público contrae demanda e inversión y la capacidad productiva y la generación de empleo, y los ingresos de empresas e individuos.

El gobierno procede a restringir el gasto, como a aumentar el impuesto a la gasolina para alcanzar el superávit primario y cubrir el pago de la deuda, la cual se ha incrementado con el alza de la tasa de interés. En consecuencia, el alza de la tasa de interés, al aumentar las presiones sobre las finanzas públicas, lleva a Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) a aumentar el impuesto a las gasolinas para tratar de equilibrar sus finanzas, por lo es el aumento de la tasa de interés (la política del BdeM) y la respuesta de la SHCP, lo que torna más difícil la situación económica del país.

Las políticas de la SHCP y del BdeM aumentarán la inflación, dado que la mayor tasa de interés incrementa el costo de la deuda y de las empresas, y el mayor precio de la gasolina incrementará los costos de transportes y por lo tanto de todos los bienes y servicios. Ello contraerá el poder adquisitivo, la demanda y la actividad económica. La mayor inflación llevará a mayor devaluación, lo que retroalimentará la inflación y el costo de la deuda externa, lo que será seguido por mayores alzas de la tasa de interés para frenar la devaluación y la inflación, lo que aumentará más el costo de la deuda interna, por lo que seguirán las presiones sobre las finanzas públicas, sobre precios, como sobre el monto de la deuda y la relación de endeudamiento. Al contraerse la actividad económica disminuye el ingreso de empresas, individuos y del gobierno, ya que terminará recaudando menos, todo lo cual aumentará los problemas de insolvencia y la inestabilidad bancaria.

Si la devaluación tiene un impacto inflacionario, es por la gran presencia de las importaciones en el mercado nacional, derivado ello de la apertura comercial, como porque en muchos años se tuvo un peso apreciado (dólar barato) para así abaratar importaciones y reducir la inflación, a costa de que la producción nacional fuera desplazada por importaciones. El BdeM con sus políticas de altas tasas de interés, junto con las reformas estructurales de privatización y extranjerización para atraer capitales, fueron las que mantuvieron artificialmente apreciado el peso y baja la inflación. Ahora que la economía no cuenta con entrada de divisas y capitales para mantener la estabilidad cambiaria, se manifiesta la devaluación, evidenciando que la economía no cuenta con condiciones internas para mantener la estabilidad peso–dólar, ni la baja inflación. La economía pasará a encarar los costos de haber relegado la esfera productiva nacional y haber descansado en la contracción de demanda interna y en las variables externas (precio del petróleo y entrada de capitales) para mantener la estabilidad cambiaria y baja la inflación.

Insisten en “fortalecer los fundamentos macroeconómicos del país” (donde destacan la consolidación fiscal) porque según ellos la situación “podría tornarse aún más difícil”. Siguen sin reconocer que esa búsqueda de fortalecer los fundamentos macroeconómicos es la causa de que la economía no crezca, de que no tenga condiciones endógenas de crecimiento y de la gran dependencia de la entrada de capitales en que se ha caído, que nos lleva a ser altamente vulnerables respecto al exterior. Lo que hace que la situación se torne más difícil son las políticas monetarias y fiscales restrictivas que instrumentan para la búsqueda de esa “fortaleza” macroeconómica.

Al BdeM le preocupa la meta inflacionaria de 4 por ciento estimada para 2017, pero no se preocupa de cómo las medidas anti–inflacionarias que ellos y la SHCP instrumentan, nos llevan a la recesión económica, a mayor desempleo, a mayor privatización de los servicios públicos, y a mayor desigualdad del ingreso.

El BdeM reconoce que hay deterioro en los indicadores de solvencia del país, lo que es resultado del déficit fiscal creciente y del déficit de cuenta corriente de balanza de pagos que comprometen el pago de la deuda pública interna y externa, pero no lograrán encarar tal problema con el aumento de la tasa de interés (que agrava las presiones sobre las finanzas públicas), ni con el recorte del gasto público. Éstas políticas contraen la productividad y la capacidad productiva, lo que nos lleva a recurrir a importaciones para satisfacer la demanda interna ante la menor producción nacional. Tampoco el gasolinazo vendrá a resolver los problemas de las finanzas públicas, pues llevará a mayor inflación y el BdeM reaccionará con mayor tasa de interés, lo que aumenta el costo de la deuda pública interna, además de contraer más la inversión y llevarnos a una crisis mayor.

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