La Revolución Socialista de Octubre y sus valiosas enseñanzas

Publicado en 07/11/2012/Por Cuauhtémoc Amezcua Dromundo/DPN/PPS de M

La Revolución Proletaria ha estallado en distintos momentos concretos y en varios lugares del mundo. De esos intentos, algunos han alcanzado la victoria en cuanto a: 1) la toma del poder; 2) el establecimiento de la dictadura del proletariado, y 3) la puesta en marcha de la inmensa tarea de edificar la Sociedad Socialista y dar pasos concretos hacia ese ideal; en los tres aspectos hay valiosísimas experiencias, logros enormes que sientan bases firmes para nuevos avances, aun mayores.

Destaca, por los logros y experiencias que aporta, sobre todo la Gran Revolución Socialista de Octubre, la primera Revolución Proletaria victoriosa, que constituyó sin duda el acontecimiento más trascendental del siglo XX. Lenin fue el genial conductor de la estrategia y la táctica que desembocó en esa grandiosa victoria. La conducción revolucionaria de Lenin demostró la veracidad de la consigna “sin teoría revolucionaria no hay acción revolucionaria”, al fundamentar sus acciones en las experiencias procesadas por el pensamiento revolucionario y convertidas en teoría, evitando siempre la improvisación y el aventurerismo; y demostró, al mismo tiempo, que la teoría sólo “es una guía para la acción” y no un conjunto de recetas o respuestas prestablecidas para los problemas concretos a resolver; demostró que frente a éstos, es necesario pensar siempre con cabeza propia y no incurrir en la copia extralógica, principios básicos todos ellos de la lucha revolucionaria que debemos esmerarnos en no olvidar ni descuidar en momento alguno. Pero Lenin jamás fue un dirigente individualista. Encabezó y participó, en todo momento, de una dirección colectiva en el seno de la entonces fracción bolchevique del viejo Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia. Los bolcheviques ya constituían en los hechos el partido de la clase obrera y fueron la vanguardia política que la condujo a la victoria; poco después, en 1918, constituyeron formalmente el Partido Comunista Ruso (bolchevique), más tarde Partido Comunista de la Unión Soviética. Lenin, con su Partido, fueron también los constructores del Estado Proletario, y el propio Lenin fue el dirigente que puso en marcha la edificación del socialismo en la Unión Soviética y lo guio en sus inicios. En ese camino, la URSS dio pasos de gigante.

Rusia, al triunfo de la Revolución, era el país capitalista más atrasado de Europa, con una sociedad injusta con diferencias abismales en su seno; con graves rezagos por cuanto al desarrollo de sus fuerzas productivas; la suya era una sociedad autocrática y plagada de contradicciones y el proceso de construcción socialista la transformó en pocas décadas en una Unión Soviética próspera, con gran poderío económico, científico, tecnológico, deportivo y militar, sólo superada en algunos de esos aspectos, por la potencia imperialista más poderosa de todos los tiempos, Estados Unidos. Pero en varios campos dejó atrás incluso a Estados Unidos y se puso en el primer lugar mundial, por ejemplo, en la exploración espacial, en la investigación científica en varias ramas fundamentales y en el deporte, entre otras cuestiones. Pero además fue una sociedad que acabó con el analfabetismo, que dotó a toda su población de la más elevada educación y acceso pleno a la salud, que erradicó la desnutrición, que acabó con las injusticias sociales y dio pasos notables en el proceso de construcción del hombre nuevo. En fin, es extensa la relación de logros que convirtieron a la URSS en el país más avanzado del planeta en muchos aspectos de la vida social.

Nadie, ni sus peores detractores, pueden negar con argumentos serios que la Revolución Socialista de Octubre de 1917 abrió una nueva perspectiva para la humanidad. La Revolución Proletaria y el Socialismo, antes de ella, eran conceptos teóricos sólidamente fundamentados, pero con ella adquirieron también la calidad de realidades tangibles, que la brutal ofensiva de la propaganda anticomunista ha tratado en vano de negar aprovechándose del tropiezo y la caída de ese proceso. Pero sus frutos gigantescos ahí quedaron, en la realidad y en la historia, como parte de lo más valioso de la experiencia humana y nada los puede empañar. La Revolución Socialista de Octubre y sus logros en el camino de la edificación del socialismo en la URSS dejan a la vista que el formidable ideal de una sociedad superior, sin explotadores ni explotados, no sólo es eso un elevado y bello ideal, el más grande que haya abrazado jamás la humanidad, sino también una firme posibilidad real. Lo adecuado es recoger sus experiencias positivas y también examinar sus errores, tropiezos y contradicciones no superadas, que todo eso hubo, pues de unos y otros se puede aprender mucho, y sacar experiencias útiles para nuestra propia lucha.

En la arena mundial, el papel histórico de la Unión Soviética fue extraordinario. Sin su esfuerzo poderoso y a la vez heroico, a la humanidad no le hubiera sido posible vencer al fascismo, que fue una forma oprobiosa, terriblemente amenazante, que tomó el sistema capitalista dentro de su fase imperialista, en ciertas condiciones históricas. Sin la URSS y sus aportes gigantescos y desinteresados, el conjunto de los países de Asia y África no hubieran podido ganar su independencia respecto del feroz colonialismo inglés, francés y de otras potencias europeas. Tampoco hubiera podido surgir victoriosa la Revolución China ni hubiera arrancado con éxito en ese país, el más poblado de la Tierra, la construcción de una Sociedad Socialista. Sin la Unión Soviética no se habrían dado las revoluciones democrático-populares triunfantes en varios países de Europa Central y del Este, ni hubiera surgido, como surgió, un Campo Socialista Mundial. Más todavía, sin la Unión Soviética y su enorme y generosa ayuda, la Revolución Cubana tampoco sería una realidad hoy, como lo ha afirmado en numerosas ocasiones el comandante Fidel Castro Ruz.

Quienes luchamos por una sociedad socialista en los albores del siglo XXI tenemos ahí, en la Revolución Socialista de Octubre, un tesoro de enseñanzas en el que es necesario escudriñar para extraerle toda su riqueza, tanto por lo que hace a sus inmensos aciertos como también a sus indudables errores e insuficiencias.

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