Dependencia económica, imperialismo y clases sociales

Cuauhtémoc Amezcua Dromundo

Dependencia económica, imperialismo y clases sociales son conceptos filosóficos, económicos y sociales, cuyas relaciones son dialécticas, y, por tanto, complejas. Su incomprensión cabal es fuente de enormes confusiones entre los estudiosos y asimismo entre los luchadores sociales y políticos. De este tema, ampliamente estudiado por Vicente Lombardo Toledano, nos ocuparemos a continuación.

El motor del tránsito de la sociedad.

“La historia de todas las sociedades existentes hasta ahora es la historia de la lucha de clases”, Marx, Engels, El Manifiesto comunista.
“La historia de todas las sociedades existentes hasta ahora es la historia de la lucha de clases”, Marx, Engels, El Manifiesto Comunista. Mural de Diego Rivera.

Desde el punto de vista del pensamiento marxista, en el modo de producción dominante de nuestros días, el capitalismo, la principal contradicción social se da entre la clase trabajadora y su clase antagónica, la burguesía. Esta contradicción fundamental sólo cesa sino cuando ambas clases sociales desaparecen, lo que ocurre cuando desaparece asimismo este modo de producción basado en propiedad privada, y desaparece con él la explotación de unos hombres y mujeres, por parte de otros.

En toda sociedad dividida en clases, las contradicciones entre éstas, al ventilarse en la vida cotidiana, constituyen el motor del tránsito de la sociedad, o lo que es lo mismo, la fuerza impulsora de las transformaciones sociales. Pero este motor, que es la lucha de clases, sólo produce cambios profundos cuando alcanzan su máxima agudización las contradicciones que en cada modo de producción se dan en su base económica.

La dependencia económica genera mayor complejidad en las relaciones entre las clases sociales.

Ahora bien, en los países dependientes, como son la mayoría de los de Asia, África y América Latina, entre ellos el nuestro, las contradicciones de clase son más complejas por cuanto contienen más ingredientes y presentan un mayor número de contradicciones. En términos generales, la burguesía nativa o nacional, se mueve en medio de dos adversarios suyos, uno de ellos, antagónico, pero nada desdeñable el otro.

Su enemigo antagónico es la clase trabajadora, cuya fuerza de trabajo explota y que anhela emanciparse. Pero la burguesía imperialista del exterior –o simplemente imperialismo—no es su aliada, en modo alguno. Siendo más poderosa, desde los puntos de vista económico y político, explota a la nación dependiente en su conjunto, incluida la propia burguesía nacional a la que arrebata una parte substancial de la plusvalía que genera la clase trabajadora, y en muchos casos la arruina y la lleva a la quiebra de sus negocios. En su mentalidad, la burguesía nacional ambiciona para sí los recursos que la burguesía imperialista le arranca, lo que genera una contradicción inter-burguesa que no se puede desdeñar.

La burguesía pro imperialista, su “patria” es el dinero.

En medio de esas dos contradicciones, unos sectores de la burguesía nativa optan por asociarse al imperialismo, encadenando sus propios intereses a los del capital extranjero y convirtiéndose en sus socios menores, y, por tanto, subordinados. Estos sectores defienden a los intereses imperialistas con los que se han aliado, y luchan contra los de la nación de la que son oriundos, pues carecen de interés patriótico. Sus lazos económicos son los que determinan su escala de valores y su conducta.

La burguesía nacional.

Pero otros sectores de la burguesía nacional procuran resistir y enfrentar a la burguesía imperialista. Estos sectores a menudo asumen posiciones de carácter patriótico y antimperialista, aunque no por razones éticas ni de principios, sino porque buscan su mayor beneficio, es decir, el incremento de sus capitales propios y, en buena medida, su propia supervivencia como clase social. Por ello, en ciertos momentos se ven compelidos a actuar en alianza circunstancial con la clase trabajadora para enfrentar al poderoso enemigo común.

Mas no por esto desaparecen sus contradicciones de clase respecto de los trabajadores que, como ya se dijo, son fundamentales e insolubles en tanto perviva el régimen capitalista. Por esa razón, en otras batallas concretas que ventilen contra los trabajadores de su país, los sectores de la burguesía nacional citados cerrarán filas sin titubeos con la otra burguesía de intra-fronteras, la proimperialista, y con los amos de ésta, los imperialistas.

En torno de estas complejas contradicciones sociales se mueve cada clase social. Dentro de ese proceso, cada una traza su estrategia de lucha para defender sus intereses, establece su táctica, formula su programa y define sus alianzas.

El imperialismo, sus objetivos.

“Cuando las ambiciones y el expansionismo de los imperialistas topan con algún gobierno patriótico, se concentran en el objetivo de eliminar ese obstáculo sin reparar en medios” Rivera retrata la intervención yanqui en Guatemala que depuso al gobierno de Arévalo.
“Cuando las ambiciones y el expansionismo de los imperialistas topan con algún gobierno patriótico, se concentran en el objetivo de eliminar ese obstáculo sin reparar en medios” Rivera retrata la intervención yanqui en Guatemala que depuso al gobierno de Arévalo.

Los poderosos capitales imperialistas tienden a avasallar, a apropiarse de todo lo que le sea rentable e imponer su dominio total sobre el país dependiente. El imperialismo encauza todos sus actos hacia esos fines y ni siquiera acepta aliados, sólo subordinados. Dentro de esa tendencia, se obstina en tomar en sus manos la dirección de la vida pública a través de quienes se presten a ser sus instrumentos. Quienes se ponen a su servicio, políticos oportunistas y militares apátridas, son llevados a las posiciones de mando por medios que indistintamente pueden ser conspirativos, cuartelarios o formalmente “democráticos”, resultado de una votación ciudadana. Para el caso da lo mismo tanto para ellos como para los pueblos victimados.

La historia de México y de los demás países dependientes registra abundantes casos de todos estos tipos. Lo único que importa al imperialismo es que le sirvan con atingencia y docilidad. Mientras sea así, los aprovecha; y con igual desenfado los desecha cuando dejan de serle útiles. Por otra parte, cuando las ambiciones y el expansionismo de los imperialistas topan con algún gobierno nacionalista y patriótico, se concentran en el objetivo de eliminar ese obstáculo sin reparar en medios. Asimismo, hacen cuanto sea necesario para evitar que fuerzas patrióticas y antiimperialistas que aún no ocupan posiciones de gobierno, se desarrollen y puedan convertirse en un riesgo para sus intereses de dominio. Las combaten recurriendo a la mentira, la difamación y la calumnia. Al terrorismo, al golpe de Estado, a la privación de la vida. Aún a los procedimientos más ruines y atentatorios contra la justicia, la democracia y la ética.

El imperialismo y los Estados nacionales dependientes.

Con respecto del Estado nacional de los países dependientes, el imperialismo se dedica a arrebatarle su soberanía, atributo que, como se sabe, es el fundamental de todo Estado. Es decir, el imperialismo busca convertirse en la autoridad suprema sobre todo país en el que ha invertido capitales, la única que imponga decisiones; la que resuelva en última instancia, suplantando en esa calidad al Estado nacional y anulando el derecho que en ese sentido les compete a las diversas instituciones y fuerzas del país de que se trate.

Por tanto, tiende a diluir al Estado como entidad soberana al servicio de intereses nacionales. Procura liquidarlo, establecer como sustituto un aparato administrativo plenamente dependiente, leal a los intereses de fuera, pero eso sí, represivo, fascista, llegado el caso, que no escatime ferocidad ni medios con el objeto de impedir que prosperen las protestas y las luchas populares. Un aparato que, al quedar vacío de sobernía, sólo conserva las formalidades de un Estado, pero no su esencia ni su consistencia. Los estados económicamente dependientes, como lo analizó Vicente Lombardo Toledano, también son dependientes políticamente. Por tanto, se puede decir que más bien son seudo estados.

El imperialismo y las dos fracciones de la burguesía local.

La burguesía nativa dependiente del imperialismo supedita su conducta de modo invariable a los intereses y designios de sus socios de fuera. Su calidad de socio menor, subordinado, la obliga a actuar como un simple agente de esas fuerzas externas. Se esfuerza en cumplir con las funciones que le asignen. En términos estrictos no es una fuerza que deba considerarse aparte, sino un mero apéndice del imperialismo.

En contraparte, el otro sector de la burguesía nativa, el que opta por enfrentar al capital imperialista y trata de sobrevivir a sus embates, necesita de la existencia de un Estado nacional fuerte e independiente del exterior, que sea capaz de resistir a la poderosa ofensiva neocolonialista. Necesita que el Estado tenga un perfil nacionalista y posea las facultades económicas y políticas adecuadas para proteger los intereses de la burguesía nacional. Para que defienda sus mercados y sus bienes, y le ayude a abrirse camino hacia otros mercados. En fin, exige al Estado que cree las condiciones propicias para que esa clase social, propietaria y explotadora, prospere. Ya dijimos, es patriótica y antiimperialista, pero lo es por su interés material muy concreto.

La clase trabajadora, sus objetivos históricos.

Para avanzar hacia la conquista de sus proyectos de corto y largo plazo, la clase trabajadora requiere necesariamente conquistar la independencia de su país”.
Para avanzar hacia la conquista de sus proyectos de corto y largo plazo, la clase trabajadora requiere necesariamente conquistar la independencia de su país”.

Por su parte, la clase trabajadora tiene sus propias aspiraciones. Anhela que desaparezca toda forma de explotación, lo que expresa su contradicción frente a la clase propietaria en su conjunto, extranjera y local. Ambiciona que surja una nueva sociedad en la que todos los hombres puedan convivir bajo las reglas de la más completa fraternidad. En que la igualdad no sea sólo jurídica, sino económica y social. En que el hombre deje de ser el lobo del hombre. Esa, la sociedad socialista, constituye su aspiración histórica.

Su emancipación definitiva implica imprimirle cambios profundos a la sociedad. Cambios que revolucionen la estructura y todo el entramado social. Cambios que exigen que se transforme el Estado, de uno diseñado conforme a los intereses de la burguesía, a otro, con perfil distinto y diferentes atributos y funciones, acordes a los intereses de la clase trabajadora: un Estado obrero. Y más adelante, al madurar la nueva sociedad, exige la desaparición del Estado en su calidad de aparato para el dominio de una clase social sobre otras, puesto que ambas clases se habrían extinguido. Se habría llegado entonces a la conquista de la plena igualdad y de la plena libertad para todos.

La clase trabajadora en los países dependientes.

En el camino hacia su objetivo histórico, la clase trabajadora, en lo inmediato, aspira a mejorar la forma en que se desenvuelve su vida. Quiere una retribución menos injusta, por su trabajo. Quiere que se reconozcan sus derechos y se manifiesten también en prestaciones que eleven las condiciones de su existencia. Demanda que sus gobernantes sean, como diría Morelos, siervos de la Nación, que atiendan sus necesidades y no vean sólo por los intereses de los poderosos. Anhela que la sociedad vaya avanzando hacia la equidad.

Pero todas sus aspiraciones, no sólo las históricas sino aun las de corto plazo, chocan con una realidad que en los países dependientes es brutalmente adversa. El imperialismo no está dispuesto a conceder nada, en absoluto. Nada de mejores salarios ni prestaciones adecuadas ni mejoría en las condiciones de vida. Nada que adelgace su tajada del pastel. Su interés es explotar, saquear, incrementar el lucro de manera ilimitada. Allá, en la metrópoli imperialista, acaso podrá darse el lujo de hacer algunas concesiones a la clase trabajadora, compelido por las circunstancias, pero no aquí. Allá hará las concesiones indispensables para que su mercado interno no languidezca y no se agudicen las contradicciones sociales en su propia casa, al grado de volverse peligrosas para la gobernabilidad. Prefiere que se agudicen en la periferia, en los países dependientes, cuestión que le tiene sin cuidado.

La liberación nacional, necesidad de la clase trabajadora.

Emprender el camino de las transformaciones revolucionarias con éxito exige dejar de lado toda actitud simplista y autosuficiente.
Emprender el camino de las transformaciones revolucionarias con éxito exige dejar de lado toda actitud simplista y autosuficiente.

En estas condiciones, las justas aspiraciones de la clase trabajadora no pueden avanzar en el caso de los países dependientes. Si ya es difícil que le arranque conquistas sociales a la burguesía nativa, que se las quite al imperialismo viene a ser casi imposible. Por eso, para avanzar hacia la conquista de sus proyectos de corto y largo plazo, requiere necesariamente conquistar la independencia de su país.

La necesita a plenitud, en lo económico pero también en lo político. Porque en tanto su país carezca de independencia y soberanía, no puede lograr la libertad ni la justicia; no puede aspirar a que su explotación desaparezca, pero ni siquiera que disminuya. Por eso, la clase trabajadora de los países dependientes, en la medida en que toma conciencia de esta realidad, pone en el primer lugar de su estrategia la lucha contra el imperialismo, al que identifica adecuadamente como su principal enemigo o la parte más aguda de la contradicción fundamental.

La unidad y lucha de contrarios en la lucha por la liberación nacional.

Por eso, sólo en los países dependientes, existe un espacio de coincidencias entre la clase trabajadora y la burguesía nativa no subordinada al imperialismo, a la que podría llamársele con propiedad burguesía nacionalista. Espacio de coincidencias que en modo alguno implica que cese la contradicción fundamental que enfrenta históricamente a estas dos clases sociales. Ni evita que estas contradicciones se reflejen en un conflicto cotidiano entre ambas, en las esferas de la economía, la ideología y la política. Pero a ésta se le sobrepone la otra contradicción, la que se da entre el imperialismo y la Nación dependiente en su conjunto. Este elemento, el del imperialismo como enemigo común de la clase trabajadora y la burguesía nacional, determina que la dinámica de las transformaciones sociales tenga mayor complejidad en los países dependientes, como México.

Emprender el camino de las transformaciones revolucionarias con éxito exige dejar de lado toda actitud simplista y autosuficiente.

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